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jueves 06 febrero 2014

Hanna, Nacho y un poco de radiactividad

Hace un año conocí a una persona extraordinaria. Esa historia ya os la conté en este post. No pasa un día sin que me acuerde de Hanna y de sus ganas de vivir. De aferrarse a la vida en unas condiciones incompatibles con ella (con la vida). Recuerdo que me ofreció un vaso de vodka casero (nada de chupitos. Allí el vodka se bebe en vasos)  y le pregunté si no tenía miedo a que todo lo que bebía y comía estuviese contaminado. Ella, con una sonrisa pícara y abriendo mucho los ojos, me dijo. “No te preocupes. Un poco de radiactividad es buena”. Y así, en medio del área de exclusión del sitio más contaminado del mundo, cogí la mejor borrachera de mi vida.

Estos días ando muy emocionado leyendo el blog de mi compañero de La Voz, Nacho Mirás. Está librando una batalla química y radiológica contra un francotirador que se ha apostado en su cabeza y que está empeñado en fulminar a toda célula sana que se le ponga a tiro. Un enemigo a las puertas que ya ha sido descubierto y del que ahora solamente falta borrar el rastro. Es imposible no acordarse de Hanna leyendo el maravilloso cuaderno de guerra de Nacho. Tienen en común sus ganas de vivir, su sentido del humor y esa envidiable virtud que es coger al toro, no por los cuernos, sino por la pelotas.

Tengo entendido que Nacho es un gaiteiro de los buenos. Tocar la gaita (MIDI, para no hacer ruido…) le sirve de terapia. Por otra parte, doy fe de que Hanna es una extraordinaria cantante. Así que no veo el día en que vayamos a hacerle una visita y cerremos el círculo tocando la “Xota da Guía” en su cabaña.

Brindo por Hanna y brindo por Nacho. Y por esa “poca” radiactividad que tan bien les sienta a los dos.

Nasdarovia Camaradas!!

 

 

 

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