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jueves 02 mayo 2013

Hanna

Dicen que las mujeres ucranianas son maravillosas. Estoy de acuerdo. Hace unos días he conocido a una. Se llama Hanna, tiene 83 años y vive en la zona de exclusión de Chernobyl. En una pequeña casa de madera de apenas 30 metros cuadrados vive con su hermana Helena que padece una enfermedad que le impide hablar y moverse. Para acceder a su modesta casa hay que atravesar vacías y contaminadas llanuras que le hacen pensar a uno que el fin del mundo, efectivamente, existe. Nos recibe con la alegría propia del que no tiene una visita desde hace semanas. De hecho, la única que recibe es la del guarda forestal que de vez en cuando se pasa por allí para ver si todavía sigue viva. Ese mismo guarda que en el eterno invierno ucraniano le corta la leña para que pueda aguantar las extremas temperaturas y en verano le lleva algún pescado fruto de una productiva mañana en el río Prypiat con sus aguas radiactivas. Nos invita a pasar y nos ofrece los poco que tiene para comer. Un poco de tocino, unos huevos, una cebolla, algo de fiambre….y claro, el omnipresente vodka. Todo hecho por ella (por cierto el vodka casero se llama samogón y es delicioso). También nos ofreció un licor hecho con las fresas de su pequeño huerto. Tras comer y beber con estas dos extraordinarias mujeres, y ya algo afectados por el licor ( beber menos de tres vasos de vodka lo consideran una ofensa) Hanna se arrancó a cantar y nos ofreció el mejor concierto de nuestras vidas. Aquí os dejo una muestra.

Gracias Hanna por ser como eres. Por hacernos sentir lo pequeños que somos a tu lado. Eso, sin duda, nos hará crecer.

 

 

 

 

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