PROYECTO EXPOSITIVO

HOME - CONTACTO

jueves 15 septiembre 2011

Diario de una (casi) obsesión. 2 Parte.

Mi primer viaje a Chernóbyl estuvo cargado de emoción. Partía en tren desde A Coruña sin tener nada claro lo que allí me esperaba. Mi único contacto para poder entrar en la zona era una persona con la que apenas había cruzado tres o cuatro correos en un inglés chapucero. Había quedado con él en la puerta de mi hotel en Kiev. Sabía su nombre y poco más. Si por cualquier circunstancia esa persona no hubiese acudido a la cita o si se diera el caso (nada improbable) de que alguno de los trenes que cogí durante la semana de viaje se retrasara, todo se iría al garete. No hubiese podido entrar en la zona de exclusión, habría malgastado mi tiempo y probablemente ahí hubiese finalizado mi oportunidad de conocer la zona. Por fortuna nada de eso ocurrió. Los trenes cumplieron sus horarios con puntualidad y mi desconocido camarada acudió a nuestra cita en tiempo y forma.
La única manera de entrar en el área de exclusión de Chernóbyl es acompañado de un guía. Este hombre resultó ser un ex-militar que había trabajado como liquidador en la zona y eso facilitó mucho las cosas. Aquellos momentos fueron muy emocionantes. Todas aquellas imágenes que había visto por la televisión tantos años atrás estaban ahora delante de mí. Recuerdo que estaba tan impresionado que me olvidé de hacer fotos. El guía me dijo en un inglés con marcado acento ruso “Tovarich, saca ya la cámara que esto no lo vas a poder ver nunca mas”. Después de aquel viaje no he vuelto a tener noticias suyas pero seguro que no me creería si le dijera que no solamente volví a ver aquello unas cuantas veces más sino que aquellas imágenes pasarían a formar una importante parte de mi vida.

De vuelta a casa y con mi pequeña Leica digital cargada de emociones tuve una intensa sensación de vacío. Enseguida me di cuenta de que aquel primer viaje no sería el último. Las fotos que tomé allí estaban premeditadamente carentes de figuras humanas. Mi intención era retratar las consecuencias del desastre a través de la soledad, el abandono, la ruina. Un buen amigo y gran fotógrafo me dijo una vez que para hacer buenas fotos se necesitan dos cosas; un alma sensible y curiosidad por las cosas. Tardé menos de un año en volver a la zona buscando lo que esa parte curiosa y sensible me pedía a gritos. Fotografiar a los protagonistas de aquella tragedia. Y sobre todo, escucharlos. Y ahí empezó mi segundo viaje. Eso si. En avión.

sin comentarios

Dejar una respuesta