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martes 19 julio 2011

Diario de una (casi) obsesión (1ª parte)

En el año 1987 me tocó hacer la mili. Por motivos que no vienen al caso (enchufe, efectivamente) estuve destinado en el hospital naval de Ferrol. Allí pasé algún tiempo en el servicio de radiología como ayudante. Metía las placas en la máquina reveladora, acompañaba a los pacientes hasta las máquinas de Rayos X, etc. Incluso, de vez en cuando, ayudaba al radiólogo a hacer radiografías sencillas. Creo que en esos días se fraguó el interés por dos de las cosas que más me han marcado en la vida. La  radiactividad y la fotografía. Me fascinaba el misterioso proceso por el cual uno podía atravesar tejidos, huesos, etc y plasmarlos finalmente en una placa fotográfica. Pero no era menos fascinante el conocer y comprender los riesgos que esa extraña fuerza podía ocasionar si se usaba de manera inadecuada.

Fue en esa época cuando me empecé a interesar por lo ocurrido en Chernóbyl. Por aquel entonces era dificilísimo acceder a información sobre el tema. Recuerdo que tenía una cinta de vídeo VHS con un documental (de Informe Semanal de TVE) que acabó rompiendo de puro desgaste. En 1989 no existía YouTube ni la Wikipedia así que pasaban los años y la información de la que uno disponía era más o menos la misma. Eso, lejos de ser frustrante, le daba un plus de misterio e intriga al asunto.

Fué en el año 1999 cuando, tras la muerte de una persona queridísima para mí, empiezo a encontrarle nuevos matices al tema. Cuando muere mi padre a causa de la prolongada exposición al amianto en su trabajo, todo cambia en mi forma de ver el accidente de Chernóbyl. Conocía, claro está, las historias de los héroes que contribuyeron a minimizar las consecuencias del desastre. Héroes que salvaron al mundo. Un día, pocos meses antes de morir, mi padre me dijo que no quería que la familia removiera ningún asunto sobre la responsabilidad de la empresa en la que trabajó toda su vida en relación a su enfermedad. Me explicó que, aunque era consciente de que esa exposición incontrolada al amianto durante décadas era la causante de su estado de salud, no quería bajo ningún concepto tomar medidas en contra de “su” empresa. Había en sus ojos, incluso, un sentimiento de gratitud. Enseguida comprendí que era inútil insistir. Y también enseguida me di cuenta del triste paralelismo entre mi historia familiar y la de aquellos liquidadores de la antigua URSS. Son historias que hablan de personas con principios, de gente que aún sabiendo que el trabajo que hacían traería graves consecuencias para su salud, continuaban en el tajo. Unos para salvar a buena parte del mundo y otros para mantener a su familia. No se me ocurren mejores motivos. A partir de aquel momento, como digo, mi interés por Chernóbyl se multiplicó y tomó nuevos e intensos derroteros.

Sin lugar a dudas fue internet la puerta que me abrió paso a la posibilidad de visitar por primera vez la zona. Gracias a la red pude también recopilar información audiovisual. Pasar de aquella cinta de VHS a tener a un golpe de ratón buena parte del material existente sobre el asunto era cosa de magia. Tras casi un año de gestiones “online” puede ir dando forma a mi primer viaje. Siempre tuve la intención de hacer ese viaje en tren. Quería hacer una especie de Camino de Santiago hasta allá. De la misma manera que alguien sube de rodillas la empinada cuesta que conduce a la iglesia de su santo favorito o se recorre cientos de kilómetros a pie para agradecer a esa virgen tan milagrera esa operación de vesícula tan exitosa. En todo caso, si en estas situaciones de lo que se trata es de pasarlas canutas, podemos asegurar que la penitencia ha sido de órdago. Si. El viajecito en tren desde A Coruña hasta Kiev durante casi una semana fue horrible. Algún día os contaré detalles por aquí.

Nada en aquel momento me podía llevar a pensar que volvería allí cuatro veces más. Nunca hubiera pensado que aquello me cambiaría la vida. En este espacio web iremos descubriendo poco a poco como el intentar ver con ojos esperanzados a aquel herido rincón del planeta me ha hecho otra persona. Mejor. Sin duda.

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