PROYECTO EXPOSITIVO

HOME - CONTACTO

Archivo histórico del mes de julio, 2011

domingo 31 julio 2011

Divulgación científica de altos vuelos…

…pero con los pies en la tierra.

Mi camarada Yuri acaba de publicar (en papel, claro) una recopilación de algunos de los impresionantes artículos que podemoos leer en su blog. Ya he comentado en una entrada anterior mi rendida admiración por su brillante acercamiento a la ciencia. Durante años ha compartido sus conocimientos y, con gran esfuerzo, nos ha hablado de algunas de esas cosas que siempre quisimos saber pero nadie nos ha sabido explicar. Por todas esas noches de casi orgásmica lectura, por su infinita generosidad al poner su sabiduría al servicio de todos y por tantas otras cosas, es obligado e imperativo comprar un ejemplar de su libro, recién salido del horno.

Un aplauso también para su editor. En estos tiempos tan delicados en el sector editorial, aventurarse a publicar un libro de divulgación científica tiene mucho mérito.

Lo podéis comprar AQUÍ.

 

domingo 31 julio 2011

Charla en Esmelle

Mañana día 1 de Agosto estaré en el local social de Esmelle dando una charla sobre mis viajes a Chernóbyl. Esta conferencia se incluye dentro del programa de la Semana Cultural. La cita es a las 20:00 horas.

jueves 21 julio 2011

¿Turismo radiactivo?

Hace ya varias semanas que el Gobierno de Ucrania ha decidido cancelar las visitas a Chernóbyl a través de agencias turísticas. Parece que es una medida temporal. Muchas veces me preguntan sobre el turismo en la zona. Yo siempre digo que NO hay turismo allí. O por lo menos tal y como nosotros lo conocemos. Sí es cierto que durante el año hay muchas visitas y que hay agencias en Kiev (sobre todo una…) que hacen “tours” de unas horas visitando muy de pasada los lugares más conocidos dentro del área de exclusión. Pero eso no quiere decir que haya turismo. No es aquello una especie de Marina D´or “Ciudad de Radiaciones”.  Esos “tours” permiten (ahora ya, permitían…) bajarse del autobús, hacerse las típicas fotos en la noria, etc y poco más. No creo que nadie pague un viaje desde su país para hacer las mismas fotos que ya estamos cansados de ver. Es cierto, eso sí, que para entrar en la zona tienes que estar acompañado por un guía y que, una vez dentro del área de exclusión es absolutamente imprescindible su compañia. No es Chernóbyl un sitio a donde uno pueda ir por libre. Son necesarios una serie de trámites burocráticos previos y posteriores a la visita.

Por otra parte, hay que reconocer que las visitas a la zona (incluso a las zonas más seguras) no están exentas de riesgo. Riesgo que en ocasiones no tiene nada que ver con la radiactividad. Las visitas a Prypiat son relativamente seguras en términos de contaminación radiológica. Un buen dosímetro y un poco de sentido común se encargan de ello. El “turista” ocasional en la ciudad corre más peligro caminando por los ruinosos edificios, por ejemplo. Un desafortunado tropezón que cause un corte provocado por un cristal (hay toneladas de cristales rotos en el suelo de Prypiat) no es ninguna broma. He visto a “visitantes” caminando sobre los tablones de un viejo gimnasio con el suelo de madera completamente podrido y lleno de musgo altamente contaminado con unas chancletas. Todos los guías con los que he estado allí son gente responsable y conocedora del tema. Incluso los de la agencia turística de Kiev. En todo caso el peligro real es bajar a 50 personas de un autobús para visitar sin control una zona que, aunque con el paso del tiempo ha perdido intensidad (en términos radiológicos), sigue siendo uno de los rincones más peligrosos del planeta.

En todo caso el asunto huele a dinero. Veremos si al final es el propio Gobierno el que autorice y organice esas visitas. Estaremos al tanto.

martes 19 julio 2011

Diario de una (casi) obsesión (1ª parte)

En el año 1987 me tocó hacer la mili. Por motivos que no vienen al caso (enchufe, efectivamente) estuve destinado en el hospital naval de Ferrol. Allí pasé algún tiempo en el servicio de radiología como ayudante. Metía las placas en la máquina reveladora, acompañaba a los pacientes hasta las máquinas de Rayos X, etc. Incluso, de vez en cuando, ayudaba al radiólogo a hacer radiografías sencillas. Creo que en esos días se fraguó el interés por dos de las cosas que más me han marcado en la vida. La  radiactividad y la fotografía. Me fascinaba el misterioso proceso por el cual uno podía atravesar tejidos, huesos, etc y plasmarlos finalmente en una placa fotográfica. Pero no era menos fascinante el conocer y comprender los riesgos que esa extraña fuerza podía ocasionar si se usaba de manera inadecuada.

Fue en esa época cuando me empecé a interesar por lo ocurrido en Chernóbyl. Por aquel entonces era dificilísimo acceder a información sobre el tema. Recuerdo que tenía una cinta de vídeo VHS con un documental (de Informe Semanal de TVE) que acabó rompiendo de puro desgaste. En 1989 no existía YouTube ni la Wikipedia así que pasaban los años y la información de la que uno disponía era más o menos la misma. Eso, lejos de ser frustrante, le daba un plus de misterio e intriga al asunto.

Fué en el año 1999 cuando, tras la muerte de una persona queridísima para mí, empiezo a encontrarle nuevos matices al tema. Cuando muere mi padre a causa de la prolongada exposición al amianto en su trabajo, todo cambia en mi forma de ver el accidente de Chernóbyl. Conocía, claro está, las historias de los héroes que contribuyeron a minimizar las consecuencias del desastre. Héroes que salvaron al mundo. Un día, pocos meses antes de morir, mi padre me dijo que no quería que la familia removiera ningún asunto sobre la responsabilidad de la empresa en la que trabajó toda su vida en relación a su enfermedad. Me explicó que, aunque era consciente de que esa exposición incontrolada al amianto durante décadas era la causante de su estado de salud, no quería bajo ningún concepto tomar medidas en contra de “su” empresa. Había en sus ojos, incluso, un sentimiento de gratitud. Enseguida comprendí que era inútil insistir. Y también enseguida me di cuenta del triste paralelismo entre mi historia familiar y la de aquellos liquidadores de la antigua URSS. Son historias que hablan de personas con principios, de gente que aún sabiendo que el trabajo que hacían traería graves consecuencias para su salud, continuaban en el tajo. Unos para salvar a buena parte del mundo y otros para mantener a su familia. No se me ocurren mejores motivos. A partir de aquel momento, como digo, mi interés por Chernóbyl se multiplicó y tomó nuevos e intensos derroteros.

Sin lugar a dudas fue internet la puerta que me abrió paso a la posibilidad de visitar por primera vez la zona. Gracias a la red pude también recopilar información audiovisual. Pasar de aquella cinta de VHS a tener a un golpe de ratón buena parte del material existente sobre el asunto era cosa de magia. Tras casi un año de gestiones “online” puede ir dando forma a mi primer viaje. Siempre tuve la intención de hacer ese viaje en tren. Quería hacer una especie de Camino de Santiago hasta allá. De la misma manera que alguien sube de rodillas la empinada cuesta que conduce a la iglesia de su santo favorito o se recorre cientos de kilómetros a pie para agradecer a esa virgen tan milagrera esa operación de vesícula tan exitosa. En todo caso, si en estas situaciones de lo que se trata es de pasarlas canutas, podemos asegurar que la penitencia ha sido de órdago. Si. El viajecito en tren desde A Coruña hasta Kiev durante casi una semana fue horrible. Algún día os contaré detalles por aquí.

Nada en aquel momento me podía llevar a pensar que volvería allí cuatro veces más. Nunca hubiera pensado que aquello me cambiaría la vida. En este espacio web iremos descubriendo poco a poco como el intentar ver con ojos esperanzados a aquel herido rincón del planeta me ha hecho otra persona. Mejor. Sin duda.

viernes 08 julio 2011

El batallón 731

En mi último viaje a Kiev, como se puede ver en los dos primeros programas de VTelevisión, estaba acreditado para asistir a los actos oficiales con motivo del 25 aniversario del accidente. Pero mi intención nunca fue esa. Desde el principio quería estar con los verdaderos protagonistas de ese día. Los héroes que al dia siguiente de la explosión estaban trabajando a escasos metros del reactor humeante. Eran militares profesionales y sabían perfectamente a lo que se enfrentaban. El gobierno les sellaba cada día una cartilla en donde figuraba la dosis de radiación que recibían a diario. Cuando acumulaban 25 Roentgens/h se iban para sus casas. Evidentemente esas mediciones estaban absolutamente subestimadas y la media de dias trabajados en la zona era de 15. Evidentemente, si las mediciones fueran correctas estarían trabajando allí horas…quizás minutos.

Hoy en dia, a los pocos que sobrevivieron, el gobierno no les reconoce una minusvalía asociada a aquellos penosos dias. Cobran una pensión de unos 100 Euros. Los medicamentos que necesitan para seguir viviendo cuestan 600. Llevan años “protestando” ante las autoridades pero ya nadie les hace caso. El 26 de Abril compartí con ellos emotivos momentos. Nos dios las gracias mutuamente. Es impresionante ver a hombres hechos y derechos, gente que demostró un valor escalofriante, llorar como niños mientras cuentan sus penurias.

Ayer se volvieron a concentrar pacíficamente delante del parlamento y esta vez la policía los desalojó violentamente.

Es especialmente repugnante ver como nos olvidamos del pasado. Cómo queremos olvidarnos de los hechos y de las personas que contribuyeron a minimizarlos.

Quizá esos jóvenes policías no sepan que el corazón envenenado que causó tanta desgracia sigue todavía latiendo.  Quizá ellos ni habían nacido cuando esos pobres enfermos vestidos con ropa de camuflaje y otros cuantos cientos de miles como ellos, lograron que la tierra donde viven hoy sea habitable.  Es un claro ejemplo de como esta sociedad olvidadiza y desagradecida insulta y zarandea (en el mejor de los casos…) a las personas que lograron ponerla en pie.

Aquí os dejo el vídeo que, ayer mismo, subieron los miembros del batallón 731 a su web mostrando la vergonzosa actitud del gobierno de Ucrania.